CON SENTIDO ALTRUISTA Y DE COMPROMISO CON LA SOCIEDAD, SE LOGRAN CAMBIOS IMPORTANTES.
La pregunta de nuestro título dispara otras tantas, como por ejemplo, ¿tienen futuro nuestras sociedades? ¿Es razonable exigir a las empresas responsabilidad y compromiso social, cuando operan en sociedades con escasa cultura ética y ciudadana? ¿Se puede esperar que los empresarios sean mejores en sus actividades profesionales de lo que son en sus desempeños humanos?
En la tradición kantiana (referida a filósofo alemán Immanuel Kant, considerado uno de los pensadores más influyentes sobre los diversos fenómenos del obrar humano): "la responsabilidad es la virtud individual de concebir libre y conscientemente las máximas universalizables de nuestra conducta". Hay por lo menos tres aspectos de esta definición que llaman la atención. El primero es que la responsabilidad es rimeramente
una virtud individual, luego entonces podemos hablar de responsabilidad de conjunto, sobre la base de una eventual acumulación de estas virtudes. El segundo aspecto, es que las máximas universalizables de nuestra conducta, deben darse en un marco de libertad y de conciencia. Por último, la responsabilidad siempre requiere parámetros comúnmente aceptados que no siempre son compartidos en nuestras sociedades y llevando este pensamiento a lo particular diría que esos parámetros no siempre están a la altura de los intereses particulares. Hay que reconocer que las sociedades en las vivimos tienen una creciente y desesperada necesidad de recobrar la confianza en los valores, las instituciones y los líderes que deben promoverlos dentro de ellas. Un desafío a vencer y un grave riesgo que puede convertirse en uno de los peores destructores de la cohesión social, es la creación de individuos crónicamente escépticos, como ocurre en nuestras sociedades.
Vivimos en un mundo en el cual también se ha "globalizado la desconfianza".
Blanquear propósitos
En dicho contexto, no caben dudas de que el uso indebido de acciones supuestamente basadas en una conciencia ciudadana que se despliegan a los fines de otorgar licencia para operar bajo las mismas lógicas que han llevado al mundo y a las empresas al lamentable estado en que muchas se encuentran, resulta un verdadero desafío para la responsabilidad social empresaria (RSE).
Pero también resulta perjudicial el debate sobre si la RSE terminará imponiéndose en la solución de las problemáticas sociales y ambientales porque revela una sobresimplificación en el análisis que atenta justamente sobre su real capacidad de aporte y transformación.
Pretender que profundos problemas estructurales de larga data se resuelvan en el corto plazo con la implementación de un conjunto de valores éticos y un modelo de gestión responsable, evidencia la construcción de una expectativa exagerada que debería adecuarse a la realidad. No es casual que el mundo académico no logre aún resolver objetivamente la cuestión de hacer tangibles los impactos que se desprenden de las acciones de RSE por medio de un conjunto de indicadores que permitan transformar el concepto de costo en otro más cercano a la inversión. En tal sentido, existen grandes posibilidades de que los decisores de políticas empresarias y sus grupos de interés deban modificar la concepción sobre cómo medir impacto en acciones con un enorme contenido de variables intangibles, pasando de la tradicional modalidad de medición de resultados al relevamiento de tendencias dinámicas. La implementación de valores y prácticas socialmente responsables no debería confundirse con aquellos compromisos ciudadanos que están enmarcados en el cumplimiento de la ley y sobre los cuales el Estado debe ejercer su potestad coercitiva y su poder fiscalizador hacia su cumplimiento. Muchos critican que empresas que no cumplen la ley a rajatabla, inviertan en políticas de responsabilidad social con alta visibilidad en la comunidad en las que operan, y en tal sentido el relevamiento de tendencias dinámicas vuelve a emerger, ya que de manera similar a lo que sucede con las personas, las empresas no deberían aspirar a ser perfectas para ayudar a otros. La gran cuestión a discernir es si efectivamente la responsabilidad social es emanada y practicada en la organización desde sus valores y cultura, y no tan sólo desde su estrategia corporativa. En el pasado se cuestionaba duramente el autismo de muchas empresas en su afán de perseguir lucro a cualquier costo. Hoy, se cuestionan
las verdaderas motivaciones que llevan a las empresas a invertir en la comunidad y a relacionarse con ella de manera diferente. La RSE nunca debería ser considerada como un fin en sí mismo, sino en un medio para un fin, y ese fin es la sostenibilidad de la actividad empresaria, entendida como aquella manera de gestionar desde valores que aseguren una rentabilidad en balance con el medio en el que se desenvuelven. Un aspecto esencial de las prácticas responsables es la visibilidad de los desempeños, que asegura una mayor exposición, tanto de lo bueno como de lo malo, para que el consumidor sea quien finalmente ejerza el veredicto irrefutable acerca de la sostenibilidad de cada empresa.
Cuestión de olfato
Continuando con nuestras reflexiones, decimos que hay un sentido que todos tenemos y que vale oro y no advertimos que lo tenemos a mano, y muchas veces las cosas funcionarían más simple y naturalmente si escucháramos nuestra intuición, en lo personal y profesional. Intuición tiene que ver con el liderazgo, no se puede mezclar con la parte racional. La intuición es que uno sabe lo que sabe pero no sabe cómo lo sabe; es del mundo sutil. La intuición es usar la parte del cerebro derecho, la idea es usar todas las capacidades del cerebro para producir innovaciones, cambios de paradigma, transformaciones. La intuición es un saber que tiene que ver con el olfato, un cierto grado de desarrollo perceptivo, a sabiendas de que no todo lo que brilla es oro. Llevando este aporte al plano empresarial, proponemos una frase muy escuchada este año: en la crisis hay oportunidades, y esto es porque se actúa con intuición. Una de las diferencias entre ser emprendedor y empresario, es cómo se utiliza y emplea la intuición. Reflexionando en un plano más macro, sostenemos que la RSE no viene a salvar ningún caos social, sino más bien se erige como un modelo de gestión del negocio de cada empresa. Se debe implementar desde el corazón del negocio, para dar a toda la actividad un sentido social y una sustentabilidad en el tiempo. Si se logran implementar acciones de RSE en varias empresas, obviamente, el impacto se notará en las comunidades, en la sociedad y en el país, pero no viene esta herramienta gerencial a cubrir o reemplazar el espacio que por naturaleza tiene el Estado frente a crisis sociales, económicas, ambientales, educacionales, etc. Son ámbitos distintos y cada uno debe actuar en su lugar de competencia, pero también es posible que se articule entre el Estado y el mundo empresario y se fortalezca uno con otro, se transfiera conocimiento, se escuchen ambos sectores, se complementen, se instale el tema en la agenda pública y que surjan propuestas para el bien común.
Pasos bien orientados Pero antes de planificar sobre qué hacer en la comunidad, o qué alianza proponemos, o cómo cuido el medio ambiente con otros actores, ugerimos que se mire puertas adentro de cada empresa. Es decir, la RSE empieza por casa... todo lo que pasa afuera pasa adentro... como nos enseña este principio milenario. Por eso, una vez más hacemos hincapié en esta recomendación de ordenar las acciones, no hacer por hacer, sino hacer con un sentido, con un objetivo, con un fundamento, desde la intuición, por ejemplo, más toda la batería de herramientas que hay a disposición cuando el compromiso por esta innovación es genuino. No tiene sentido comenzar por mega proyectos sociales, ambientales, porque en estos temas, al ser tan vastos, si no está bien identificado el norte, perdemos el foco y esta variable debilita la propuesta. Otro aspecto a tener en cuenta es que las empresas que deciden comenzar a transitar este camino de trabajo bajo la filosofía de la RSE, tengan presente que no tienen por qué saber sobre todo lo que pasa a nivel social en la comunidad, en el partido, en la provincia, porque su misión es otra: producir.
Entonces, el paso siguiente es permitirse investigar en terreno, detectando qué actores surgen, qué proyectos nos traen, qué necesidades hay, qué problemáticas preocupan a la comunidad, qué les gustaría hacer para resolverlas, cómo les gustaría trabajar y articular. Estos disparadores que planteamos nos traen datos que ameritan una interpretación para luego planificar y decidir qué programa queremos para nuestra empresa en función de esta escucha, de este salir a investigar qué pasa en la comunidad. En definitiva, se trata de detectar oportunidades para luego alinearlas al negocio de la empresa. Cabe la posibilidad que de estas investigaciones aparezcan problemáticas por atender del tipo asistencialista/ filantrópico, y también hay manera de abordar y lograr con creatividad y metodología, estos casos y hacer verdaderos aportes para ir transformando esas realidades. Por ejemplo, ocurre lo planteado con los alimentos: se dona harina para una panadería, qué opciones hay: darles el pan hecho o bien propiciar un espacio y los elementos para que "hacer el pan" sea un medio de socialización, de compartir, de saber cómo son los vecinos de la comunidad, sus problemas, cómo se puede trabajar juntos, capacitar en el oficio de panadería y gastronomía, de trabajar valores como solidaridad, ciudadanía, respeto por el otro... etc. Las maneras de abordar la estrategia de RSE son tan variadas como empresas y empresarios haya, por lo que se sugiere comenzar a ponerse en marcha y dar el primer paso. En esta vida, no todo lo que brilla es oro; pero hay cosas valiosas que no necesariamente están hechas de este metal precioso y que no deberían descartarse.
Por Marcela Delfino y Fernando Passarelli
Marcela Delfino.
Licenciada en Servicio Social.
Capacitación en Recursos Humanos, Universidad Nacional del Sur de Bahía Blanca; Tercer Sector y Fundraising en CEDES y en RSE en la Universidad de San Andrés. Fundadora de la consultora Proyectos Sociales. Desde el 2001 es coordinadora de propuestas innovadoras entre el mundo empresario y las ONG´s.
Fernando Esteban Passarelli.
Licenciado en Organización y Dirección Institucional, Universidad Nacional de San Martín.
Socio Principal de DCO Consultores, organización privada dedicada a asistir profesionalmente a organizaciones y empresas, para el mejoramiento de su desempeño institucional y la optimización de sus vínculos con sus grupos de interés. |